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jueves, 2 de abril de 2009

La conocía hace 10 años, y durante los seis meses que fui su novio hice cuanto estuvo en mí para que fuera mía. La quería mucho, y ella, inmensamente a mí. Por eso cedió un día, y desde ese instante, privado de tensión, mi amor se enfrió. Nuestro ambiente social era distinto, y mientras ella se embriagaba con la dicha de poseer mi nombre, yo vivía en una esfera inevitable de entremezclarse con muchachas de apellido, fortuna y a veces muy lindas. Una de ellas estuvo conmigo bajo parasoles de garden party a un extremo tal, que me exaspere y la pretendí seriamente. Pero si mi persona era interesante para esos juegos, teníamos personalidades y objetivos totalmente distintos. Tenía razón, perfecta razón. En consecuencia termine estando con una amiga suya. Y esta vez no fui yo quien se exaspero. Pensé entonces el modo de romper con Inés. Continuaba viéndola, y aunque no podía ella engañarse sobre el amortiguamiento de mi pasión, su amor era demasiado grande para no iluminarle los ojos de felicidad cada ves que me veía. Una noche fui a su casa dispuesto a romper, con visible malhumor por lo mismo. Inés corrió a abrazarme pero se detuvo, bruscamente pálida.
- ¿Que tienes? - Me dijo
- Nada - le respondí con sonrisa forzada acariciándole la frente
Ella dejo de hacer, sin prestar atención a mi mano y mirándome insistentemente. Al fin aparto los ojos contraídos y entramos en la sala. La madre vino pero sintiendo cielo de tormenta estuvo solo un momento y desapareció.Romper es palabra corta y fácil; pero comenzarlo...Nos habíamos sentado y no hablábamos. Ella se inclino, me aparto la mano de la cara y me clavo los ojos, dolorosos.
- ¡Es evidente!...
- murmuro
- ¿Que? - le pregunte fríamente
La tranquilidad de mi mirada le hizo mas daño que mi voz.
- ¡Que ya no me quieres!- articulo
- Siempre dices lo mismo - respondí
No podía darse respuesta mas dura pero yo tenía ya el comienzo. Ella me miro un rato casi como a un extraño, y apartando bruscamente mi mano y el cigarro, su voz se rompió:
- ¡Esteban!
- ¿Que? - torne a repetir
Esta vez bastaba. Dejo lentamente mi mano y se reclino hacia atrás, manteniendo fijo en la lámpara su rostro pálido.
Paso un rato aun. La injusticia de mi actitud no veía en ella más que injusticia. Creció el profundo disgusto de mi mismo. Por eso cuando oí, o mas bien sentí, que las lagrimas brotaban al fin, me levante rápidamente.
- Yo creía que no íbamos a tener mas escenas
- le dije paseándome
No me respondió y agregue:
-Pero que sea esta la última
Sentí que las lágrimas se detenían, y bajo ellas me respondió:
- Como quieras
Era una despedida yo iba a romper y se me adelantaban. El mismo amor me hizo responder:
-Perfectamente... Me voy. Que seas más feliz... otra vez
No comprendió, y me miro con extrañeza. Había cometido ya el primer error; y como en estos casos sentí el vértigo de arruinarlo mas aun.
- ¡Es claro! apoye brutalmente - por que de mi no has tenido queja... ¿No?
Es decir te hice el honor de estar contigo, y debes estar agradecida
Comprendió más mi sonrisa que mis palabras, y mientras yo salía a buscar mi sombrero hacia el corredor, su cuerpo y su alma entera caían en la sala. Entonces en ese instante en que cruce la galería, sentí intensamente CUANTO LA QUERIA Y LO QUE ACABABA DE HACER. Acababa de cometer EL ACTO MAS ESTUPIDO CON LA MUJER QUE NOS HA QUERIDO DEMASIADO... Y luego la inmensa sed de ternura DE BORRAR BESO TRAS BESO LAS LAGRIMAS DE LA MUJER AMADA, CUYA PRIMERA SONRISA TRAS LA HERIDA QUE LE HEMOS CAUSADO ESLA MAS BELLA LUZ QUE PUEDA INUNDAR EL CORAZON DE UN HOMBRE.
¡Y concluido! no me era posible ante mi mismo volver a tomar lo que acaba de despreciar de ese modo: ya no era digno de ella, ni la merecía más. Había arruinado en un segundo el amor mas puro que hombre alguno haya sentido sobre si, y acaba de perder con Inés LA IRRENCONTRABLE FELICIDAD DE POSER A QUIEN NOS AMA VERDADERAMENTE.
Desesperado, humillado, cruce por delante de la puerta, y la vi echada sobre el sofá, sollozando en alma entera
- ¡Inés! - dije
Mi voz ya no era la de antes. Y ella debió notarlo bien.
- No, no... - me respondió- Es demasiado tarde.
Pocas veces eh visto amargura más seca y tranquila que la de sus ojos cuando concluyo. Si usted es querido alguna vez como yo lo fui, y desprecia como yo lo hice, comprenderá toda la tristeza que hay en mi recuerdo.
Una noche tropecé con ella. Al verla otra vez a 20 metros de mí, mirándome sentí en mi alma, LA DESOLACION DE HABERLA PERDIDO, como si no hubiera pasado un solo día de esos 10 años. Su hermosura su mirada única entre todas, habían sido mías, bien mías porque me habían sido entregadas con adoración y yo las había despreciado.

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